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Estuve leyendo un pasaje de la historia de Bucaramanga, de esos que muy escasamente les enseñan a los niños en los grados de primaria, digo que escasamente, porque lo hacen a grandes rasgos y sin profundizar y luego jamás vuelven a ver ni ampliar porque los muchachos son tomados empujados otras culturas extranjeras de las cuales se encarga la radio y la televisión y ahora en gran parte de la prensa.
“Ambrosio Alfínger, conquistador alemán de nacimiento, comandaba un grupo de españoles que llegaron luego de haber inspeccionado tierras de lo que hoy es el departamento del Cesar y Venezuela. Exploraron el río (Lebrija) a lado y lado hasta las tierras altas. En 1532 arribaron a Bocas, subieron la montaña y encontraron la que hoy es la Meseta de Bucaramanga, ascendiendo por el lado del Café Madrid y Barrio San Rafael.
Siguieron un sedero usado por los nativo hasta llegar a mitad de la meseta en donde hallaron una laguna pequeña llena de caracoles. Muchos años después este sendero habría de convertirse en la principal artera e la capital santandereana, la carrera 15. La expedición decidió acampar y descansar allí. El sitio que ocupaba la laguna es en donde se levanta el Centro Metropolitano de Mercadeo. El depósito de agua cristalina fue bautizado con el nombre de Laguna de San Mateo.
Cuentan los cronistas de la época que la expedición consumió los gigantescos moluscos como el mejor y más nutritivo manjar que en muchos meses habían hallado. Este proteínico plato les permitió recuperar las energías perdidas en su larga travesía. Un caracol podía llegar a pesar dos o tres kilos sin caparazón, era simple y llanamente una ración completa. Lo bueno de esta comida era que no debían salir a cazarla, es-taba ahí a la orilla del agua esperando a que fueran tomados.
Mientras el grueso de la expedición descansaba, el español, Esteban Martín, hizo un viaje de reconocimiento por los alrededores y estuvo en tierras de los actuales municipios de Floridablanca, Piedecuesta y Girón hasta cercanías de la Mesa de Jériras o Mesa de Los Santos. Su recorrido le permitió obtener gran variedad y cantidad de ví-veres. Fue tanta y tan varada la comida que se entusiasmaron y tomaron la decisión de seguir camino. El clima de Bucaramanga era de 20 a 22 grados.
Levantado el campamento de San Mateo la caravana siguió su recorrido. Van por los lados los Curos, siguen a Guaca para terciar al oriente remontando la cordillera y en-contrar páramos terriblemente fríos y empinados. Tomaron camino hacia tierras de Pamplona. Los nativos estaban esperando y en un desfiladero entraron en batalla. Los nativos no querían invasores ni perturbadores de su paz milenaria. Alfínger murió atravesado su cuello por una flecha, suerte que le correspondió a la casi totalidad de expedicionarios”.
¿Qué pasaría con los caracoles de la historia? ¿Se los comieron todos los expedicio-narios? ¿Los acabaron por ignorancia nuestros ancestros? ¿Ningún organismo oficial los protegió para que siguieran existiendo y los conocieran y comieran otras genera-ciones? ¿Qué dirá a todo esto la Corporación de Defensa de la Meseta de Bucara-manga, existen en alguna otra parte? ¿Si sabrán que hace muchos años existieron los caracoles de la historia? ¡Qué bueno sería saber si como Alfínger también murieron
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